Zizha Aimee, la pequeña guerrera

Conocí a la pequeña Zizha cuando tenía 13 días. Bueno, no, en realidad, la conocí unas semanas antes, cuando les hice a ella y a su madre esta sesión de embarazo.

Así que rectifico. Vi por primera vez la carita de la pequeña Zizha cuando ya tenía 13 días. Pequeñita, morenita, preciosa y… ¡MUY despierta!

Nos costó muchísimo hacerle alguna foto con los ojos cerrados, ella tenía muy claro que no estaba allí para dormir, ¡menudo rollo!

Pero ¿sabéis? Creo que, gracias a Zizha, he aprendido a ver que en fotografía, como en la vida, no todo es sota, caballo y rey. Que la belleza también está fuera de lo que consideramos ortodoxo, de lo académicamente “correcto”. Que lo esperable no tiene por qué ser siempre lo deseable. Que la “perfección” es muchas veces aburrida. Que la espontaneidad y lo imprevisible hacen que esta profesión sea un sueño para los que, como yo, odiamos la monotonía y la rutina.

Y que, cuando tienes delante un bebé de trece días con una mirada fija y penetrante como la de Zizha, no puedes ni debes hacer otra cosa que fotografiarla, pues estoy segura de que ese espíritu luchador y guerrero le va a acompañar de por vida y será genial que yo lo haya dejado plasmado para siempre.

A este respecto, no puedo dejar de recomendar encarecidamente la lectura de este post de mi querida, admirada y siempre inspiradora Victòria Peñafiel.

Os dejo con una selección de la sesión con Zizha, espero que os guste.

 

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