Marinola y CharlesUna boda natural y sencilla en Aldeallana

La de Marinola y Charles (así es como les llama todo el mundo) fue una boda en la que la sencillez, la naturalidad, la alegría y las ganas de pasarlo bien fueron protagonistas hasta el punto de que ni yo misma quería irme.

Marinola es de Segovia y quiso casarse en casa. Se aregló, junto a una de sus hermanas y su cuñada, en su pelu de siempre, El Tocador. Tanto el peinado como el maquillaje, muy muy suave, eran perfectos para ella, parece que me repito (y, de hecho, lo hago), pero, sobre todo, resaltaban la sencillez y naturalidad de Marina, que no quiso dejar de ser ella misma el día de su boda ni sentirse disfrazada. El vestido, muy sencillo también, de Claudia Llagostera, una diseñadora que, desde su atelier madrileño, lanzó hace solo unos meses su primera colección de novia. El diseño del vestido fue un trabajo conjunto entre Marina y Claudia, y la diseñadora supo entender a la perfección lo que la novia quería para su gran día. De nuevo, sencillez es la palabra que lo define: efecto dos piezas en crepe de seda, sin apenas cola y encaje en las mangas, bordado especialmente para Marina a partir de un dibujo hecho por ella misma. En el pelo, un delicado tocado de flores preservadas de Flores en el Columpio y un velo en tul de seda de suave color melocotón. Para los pies también lo tuvo claro y eligió la comodidad de las cuñas de Mint&Rose. El ramo, hecho de forma casera con una mezcla de flores compradas y flores silvestres recogidas la tarde anterior en la finca donde se celebraría la boda. Y, por último, como únicas joyas, unos pendientes de Tous y su sortija de pedida. Sus hermanas, simpatiquísimas y guapísimas, vestidas de Coosy e Inúñez.

Y, bueno, después de esta parte tan “técnica”, podría hablaros de la sonrisa de Marina desde el minuto uno. No lo hice, pero creo que, aunque se lo hubiese pedido, no habría podido dejar de sonreír un solo segundo. De su simpatía, de su tranquilidad, de sus ganas de casarse. De los nervios de su padre, solo lo noté tranquilo cuando me relató, con todo lujo de detalles, el día en que nació su hija mayor. De la complicidad y la conexión con sus hermanas, de lo felices que ellas se sentían también y de cómo lo irradiaban. Natalia no solo iba “vestida” de Alegría (¿habéis visto ‘Inside Out’?), es que ella ES alegría pura. Del pequeño de la familia, haciendo de hombrecito puede que por primera vez, sin llamar la atención, sin dejar de sonreír. De la mirada de su madre hacia su hija, tan dulce, tan tierna, tan… maternal.

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Marinola y Charles (vestido de Lander Urquijo) eligieron la Ermita de La Adrada, en Otero de Los Herreros, para celebrar su matrimonio. Un pequeño templo románico que Victoria Cubo, de La Tienda Rústica, decoró con exquisitez. La ceremonia fue tan emotiva que debo confesar que la novia no fue la única que soltó una lagrimita ;) Es cierto que las voces infantiles del coro, cantando temas tan potentes como ‘Caresse sur l’océan‘, de Les Choristes, ayudaron a elevar los niveles de emotividad a máximos insoportables para la entereza de esta humilde fotógrafa :) También hubo buenas dosis de humor gracias a un cura de lo más cercano y simpático, que siempre es un gusto, aunque, todo sea dicho y lamentablemente, cada vez más sea lo raro. A la salida, hora ya del aperitivo, los invitados agradecieron las cervezas fresquitas que se servían en una food-truck que había allí.

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A continuación, la fiesta seguía muy cerquita, en Valdeprados, en la Finca Aldeallana, donde nunca había estado y en la que me quedo corta si digo que me sentí como en casa. Además de que es preciosa, rodeada de campo, de encinas y con un montón de escenarios en los que disfrutar de tu día (¡y de hacer yo miles de fotos!), todo son facilidades allí para los que vamos “de fuera” a trabajar, por no hablar de lo riquísima que estaba la comida de Ciboulette Catering. Supongo que a (casi) nadie que lea esto le importará cómo me siento yo cuando trabajo, pero de verdad os digo que no tiene nada que ver la predisposición y el ánimo que tienes cuando sientes que formas parte del mismo “equipo”, un equipo cuyo objetivo es el de que todo salga bien y los novios tengan la mejor experiencia y el mejor recuerdo posible de su gran día.

Bueno, que me voy por las ramas…

Marinola y Charles tenían claro que no se querían pasar su boda sentados delante de un desfile de platos, así que decidieron hacer un aperitivo más largo y completo de lo habitual, seguir con una comida rapidita y ligera y ponerse enseguida a bailar hasta que los pies aguantasen. En los postres, Marinola dividió su ramo en dos y le dio a sus dos hermanas el sorpresón. También hubo ramos especiales para las abuelas, que había una por cada lado, y esa suerte no siempre se tiene, ¿verdad? Como detalles para los invitados, unas narices de payaso de la Fundación Théodora, que repartieron los muchos niños que había. El baile nupcial comenzó con el clásico vals, pero enseguida se unieron un montón de invitados compinchados, que se pusieron unas pelucas y a ritmo de Waterloo pusieron a todo el mundo a bailar.

De la decoración, me llamaron especialmente la atención los meseros. Cada uno representaba un plato de los que suele preparar Charles, el novio, como buen vasco, gran aficionado a la gastronomía. Cada mesero llevaba en el anverso una ilustración preciosa dibujada por Marinola y la receta del plato en el reverso. Me encantó. Todo lo demás, en la línea de lo que os vengo contando, muy sencillo, sin pretensiones. Por cierto, no quiero dejar de mencionar el maravilloso trabajo que B de Brisson (wedding planner) hizo desde la distancia y sin cuya ayuda, nada habría sido lo mismo.

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Dejo para el final los retratos de los novios, que fuimos haciendo a ratitos, a mitad de aperitivo, a mitad de guateque… por diferentes rincones de la preciosa Aldeallana. La verdad es que no sé qué es lo que parecerá, pero os prometo que todo lo que veis en estas fotos salía solo, de una manera tan fluida y espontánea que me daba pena dejar de disparar. Los besos, los abrazos, los estrujamientos… incluso ese baile por bulerías al que se arrancaron cuando oyeron poner sevillanas :)))

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En fin, si habéis llegado hasta aquí, lo primero que quiero daros es las gracias, que vuestro mérito habéis tenido. Y, por otra parte, entenderéis que no actualice el blog más a menudo, ¿verdad? ;)))

Gracias Marinola. Gracias Charles. Os voy a recordar siempre con cariño sincero.

 

  • Marta said:

    Qué pasada de fotos, Cris.

    • Cristina said:

      Gracias, Marta!!! <3

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